
Trastero con humedad: qué se puede salvar y qué no
Publicado el 27 de julio de 2026
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Abres el trastero después de un invierno sin bajar y te recibe ese olor que ya conoces, a cerrado y a cartón mojado. Las cajas del fondo tienen cercos, la funda de la bici está llena de puntitos negros y el sillón que guardabas para otro piso se ve más oscuro por un lado. Antes de darlo todo por perdido, merece la pena separar con calma. Hay cosas que se recuperan con aire y paciencia, y otras que ya no compensa conservar. Aquí te contamos cómo distinguirlas y qué cambiar para que lo que vuelvas a guardar no acabe igual.
Antes de tocar nada: aire, guantes y mascarilla
Si hay moho a la vista, no metas las manos ni la cara en las cajas sin protegerte. Abre la puerta y, si el pasillo del sótano tiene alguna ventilación, deja que corra el aire un rato antes de empezar. Unos guantes y una mascarilla de las que filtran polvo bastan para sacar cosas sin respirar las esporas. Si tienes alergia o asma, es preferible que lo saque otra persona.
Lleva una linterna o una lámpara de pinza, porque muchos trasteros tienen una bombilla floja o ninguna, y con poca luz las manchas no se ven. Y saca lo que revises a un sitio con aire, nunca a otra habitación cerrada de casa: lo que lleva moho se lo pasa a lo que tiene cerca.

La madera: depende de si es maciza o de tablero
Un mueble de madera maciza aguanta bastante bien la humedad. Puede salir con velos blancos en el barniz, con algún cajón que se ha hinchado y no corre o con olor, pero casi siempre tiene arreglo. Déjalo secar en un sitio ventilado y a la sombra, lejos de radiadores y del sol directo, porque si pierde el agua deprisa se raja. Cuando esté seco del todo, un paño apenas húmedo con jabón neutro quita la mayoría de las marcas de la superficie.
Con el tablero aglomerado la cosa cambia. Si el canto se ha abombado o la chapa se ha despegado, ya no recupera su forma, y las uniones dejan de agarrar los tornillos. Una cómoda de tablero con la base hinchada no tiene un arreglo que compense. El contrachapado queda en medio: si solo ha cogido olor, se salva; si las capas se separan, no.
Papel, fotos y libros: lo que más duele perder
Es lo primero que se estropea. Las fotos que se han pegado entre sí no se deben despegar a la fuerza, porque la imagen se queda en la otra copia. Si solo están húmedas, sepáralas con cuidado y extiéndelas boca arriba sobre papel absorbente, sin apilarlas. Con los documentos que importan, lo mismo, hoja por hoja y sin prisa.
Los libros mojados se secan de pie, un poco abiertos en abanico y en un sitio con corriente. Si las páginas ya están onduladas y con manchas negras por dentro, el olor cuesta mucho de quitar y el moho puede seguir creciendo en la estantería de casa. Las cajas de cartón reblandecidas van fuera siempre, aunque lo que llevan se salve: el cartón húmedo es donde el hongo está más a gusto.
Ropa, mantas y cortinas
Los tejidos suelen tener remedio si el moho no ha llegado a teñir la tela. Sacúdelos en la calle o en el balcón, lávalos a la temperatura más alta que permita la etiqueta y sécalos al aire libre. Si después del lavado siguen las manchas, o el olor vuelve en cuanto los guardas, es que el hongo ha entrado en la fibra. La lana y las prendas delicadas lo pasan peor. El cuero se marca con facilidad: pásale un paño seco y déjalo airear, pero si está agrietado o blanquecino por todas partes, está muy tocado.
Colchones, cojines y sofás: casi nunca compensa
Todo lo que tiene relleno de espuma o de fibra absorbe la humedad por dentro, donde no llega el aire. Un colchón que ha pasado meses en un trastero húmedo puede parecer sano por fuera y estar mal por dentro. No hay una forma casera fiable de secarlo hasta el centro, así que lo sensato es no volver a dormir en él. Con los sofás tapizados, los cojines y los peluches pasa igual: si tienen cercos o huelen, no merece la pena el esfuerzo.
Aparatos y herramientas: paciencia antes de enchufar
Una nevera, una lavadora o un microondas que han estado en un sitio húmedo pueden tener agua condensada dentro o los contactos oxidados. No los enchufes nada más subirlos a casa. Déjalos abiertos en un lugar seco bastante tiempo y mira si hay óxido en el cable, en la clavija o en lo que se vea de las placas. Si dudas, que lo revise alguien que entienda antes de conectarlo.
Las herramientas y las piezas de metal suelen recuperarse. Un poco de óxido sale con un cepillo de alambre, y una capa fina de aceite las protege después. Las bicicletas, igual: cadena, frenos y tornillería son lo que más sufre.
Cómo guardar para que no se repita
Lo que se queda en el trastero tiene que estar pensado para el sitio donde va. Unas pocas costumbres cambian mucho el resultado:
- Nada apoyado directamente en el suelo. Un palé, unas baldas o una estantería metálica dejan pasar el aire por debajo.
- Un palmo de separación con las paredes, para que la humedad del muro no pase a los muebles.
- Cajas de plástico con tapa en vez de cartón para la ropa, los papeles y todo lo que quieras conservar.
- Fundas de tela que transpiren, no plástico cerrado, que encierra la humedad que ya tenga el mueble.
- Absorbentes de humedad de los de armario, cambiados cuando se llenen.
- Bajar de vez en cuando y dejar la puerta abierta un rato, sobre todo después de las épocas de lluvia.
Si la humedad viene de una filtración, de una bajante o de una pared pegada a la tierra, avisa a la comunidad o al propietario. Mientras el origen siga ahí, cualquier cosa que guardes terminará igual.
Lo que no vuelve a casa
Cuando hayas apartado lo que se salva, quedará un montón que ya no va a subir: el colchón, el sillón abombado, las cajas deshechas, algún mueble de tablero. Si no tienes cómo sacarlo, bajamos nosotros, lo cargamos y nos lo llevamos, también desde sótanos con pasillos estrechos y sin luz. Mándanos unas fotos por WhatsApp o llámanos y cuéntanos qué hay: el presupuesto te lo hacemos sin coste.
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